martes, 20 de marzo de 2012

GRADUACIÓN










Mis nueve grandes personitas





Nueva vida, nuevo instituto...IRUBIDE [Parte II]


El segundo día de clase, tres chicas muy simpáticas se acercaron a mí y se presentaron. Nora, Sara y Laura. Hicieron que me sintiese arropada desde el primer instante. Durante el recreo me presentaron a mucha gente, todos encantadores. No podía dar crédito a tanto derroche de amabilidad...¿estaría en un sueño?, ¿me despertaría súbitamente de mi cama por tanta emoción fruto de mi mente?
NO. Es cierto que la realidad supera a la ficción.

A los pocos días ya formaba parte de una cuadrilla de nueve encantadoras personas que mencioné en entradas anteriores.

Si hay algo de lo que no me arrepiento en esta vida, es de haber dado el "salto" haciendo realidad uno de mis más preciados sueños...Pamplona; la mitad de mis raíces están aquí y me siento navarra de corazón aunque por mis venas corra sangre soriana.

Pamplona, que me ha visto crecer y ahora me esta viendo prepararme para hacer crecer a otras personas.

Pamplona, como dice mi abuela, perla del norte.





Nueva vida, nuevo instituto...IRUBIDE [Parte I]

Mi primer día de clase, estaba tan nerviosa, que el corazón se me iba a salir de la boca en cualquier instante. Quedé con mi tía para desayunar antes de ir al instituto, desayuné sin ganas, las "mariposas" estaban dentelleando mi estómago milímetro a milímetro. No podía aguantar ni un minuto más con esta presión. Quería que llegase la hora y, a la vez, que no llegase nunca...me hacía miles de preguntas...¿caeré bien a la gente?, ¿me aceptarán?, ¿cómo serán los profesores?...

A pesar de los nervios que estaba pasando, la ilusión que me hacía emprender una nueva vida, mitigaba a todos estos. Soñaba despierta mientras me iba dirigiendo al instituto, acompañada de mi tía de nuevo, necesitaba una figura cercana a mí, como si fuese una niña pequeña...pero, ¿qué necesita una chica de dieciséis años, lejos de su familia y personas queridas, en otra ciudad sino cariño y mucho apoyo?


Cruzamos el umbral de la puerta. Llegamos con bastante antelación para ir "tanteando el terreno". Busqué mi nombre en la lista. ¡Perfecto, 1ºB!...¿pero dónde estaba 1ºB? Me leí la lista de mis futuros compañeros bastantes veces. Me hacía mucha ilusión imaginar cómo podrían ser esas personas y si marcarían mi vida.


Unos minutos más tarde tocó el timbre y todos los alumnos entraron como si un alud de nieve se tratase. La gente me miraba y yo intentaba pasar lo más desapercibida posible pero, es un poco complicado ser invisible siendo "la nueva".


Llegué a clase y me senté en primera fila para pasearme lo menos posible y que la gente no se percatase de mi presencia pero, en cuanto me senté en mi silla, un chico llamado Julen me preguntó cómo me llamaba y de dónde era. Me dio muy buena impresión y empecé a relajarme un poco. Cuando acabó la presentación del curso, sin más dilación, nos fuimos a casa. Cuando estaba en camino, Julen y otro chico llamado Eder me dijeron que me acompañaban un rato y así me conocían un poco más. Cuando quedaba poco para llegar a casa de mi tía me despedí de ellos. Se habían portado muy bien conmigo y yo me sentía como en una película...mucho mejor de lo que había soñado.



Mi tío [Parte III]

Recuerdo que el verano que había acabado 3º de la E.S.O y, no muy tarde, comenzaría el 4º y último curso de esta etapa en mi vida, mi tío me dijo, mientras disfrutábamos del baño en la piscina del apartamento, que teníamos que hablar sobre una cuestión que cambiaría mi vida...

Con una sonrisa en la cara, intuía lo que me quería decir, estaba casi segura, pero no quería precipitarme y caer en el abismo de la desilusión.

Mientras estaba aventurando conjeturas, mi tío seguía sonriendo y tenía una actitud vacilante, no sabía por dónde empezar...Finalmente se decidió y me dijo...-Noelia...¿a ti te gustaría venirte a vivir a Pamplona, verdad?

Sus palabras me llenaron de ilusión. Mi tío, y toda mi familia, sabía que vivir en Pamplona era uno de mis grandes sueños pero, no pensaba que fuera a hacerse realidad y, mucho menos, más pronto de lo que había imaginado. Mi tío me planteó hacer el Bachillerato en Pamplona y yo, desde luego, no dude en decir un ¡SÍ! tan rotundo que hizo, desde ese instante, que mi vida comenzase a girar a 360º.

lunes, 19 de marzo de 2012

Mi tío [Parte II]


Gracias a él, mi hermana y yo pudimos conocer el mar. Mi tío tiene un apartamento en Torrevieja (Alicante) y cada verano pasábamos un mes junto a mis padres, aunque ellos siempre se marchaban un poco antes o se turnaban por cuestiones de trabajo.


Disfrutábamos del mar y de la piscina a todas horas. Era imposible sacarnos del agua. Estábamos "a remojo" cual garbanzos, nuestros dedos permanecían arrugados todo el tiempo.

Nos encantaba buscar conchas por la orilla del mar. Mi "tata" y yo teníamos una gran colección de conchas de todos los tamaños y colores.

Mientras tanto, mi padre se dedicaba a coger cangrejos y a meterlos en un cubo para enseñárnoslos aunque, cuando los soltaba, mi hermana y yo nos poníamos muy tristes pero poco a poco fuimos entendiendo que tener un cangrejo de mascota no era lo más apropiado...

Y hablando de cangrejos...mi madre, no tan aficionada a los baños en el mar, se pasaba tanto tiempo tomando el sol que se convertía en un "cangrejito", así que, aunque no tuviésemos cangrejos de mascota, teníamos a una mamá-cangrejo muy divertida.

Mi tío [Parte I]

Desde que nací sentía una profunda admiración por mi tío Víctor. Cada vez que mis padres me llevaban a Pamplona no me quería despegar de él ni un solo momento. Mi hermana y yo éramos las más felices del mundo con su presencia, porque mi tío es una de esas personas que llena de luz y de vida cualquier instante.

Mi tío Víctor era sinónimo de diversión, bromas, Navidad y vacaciones de verano. Gracias a él, en gran parte, hemos vivido las Navidades más completas que un niño pueda desear. Mi hermana y yo, acostumbradas a vivir en pueblo chiquito, cuando llegaba la Navidad y la pasábamos en Pamplona...nuestros ojos se iluminaban de miles de luces de colores, regalos y sonrisas.

Si mi hermana y yo disfrutábamos con todo esto...no puedo explicar con palabras lo que disfrutaba mi tío. Era todo un espectáculo verle los ojos como platos y la sonrisa que irradiaba en su rostro.

Mi tío, un niño en un cuerpo de adulto, revivía sus días de la tierna infancia.

sábado, 10 de marzo de 2012

Miradas congeladas, sonrisas llenas [Parte III]



Cuando los niños acabaron de comer y asearse, nos dirigimos todos al gimnasio.

El gimnasio estaba perfectamente equipado. Me sentí una niña pequeña de nuevo. Había pelotas gigantes, colchonetas en forma de tubo, canasta de baloncesto, bolos, un columpio, pequeñas piezas para hacer construcciones...


Bea y yo comenzamos interactuando con los pequeños tirando pelotas hacia la canasta. Después de estar un rato con la misma actividad me fijé en dos niños que estaban en silla de ruedas y que no podían participar en esa actividad. Me acerqué a ellos y les pregunté cómo se llamaban. ¡Mohamed y Jairo!-me respondieron con una sonrisa. También les pregunté si les gustaba el baloncesto. Jairo me dijo que prefería el fútbol y Mohamed me dijo que sí pero que la canasta estaba muy alta para ellos y que había otra canasta pero que no sabía dónde estaba.


Fui en busca de una de las monitoras para decirle lo de la canasta. La buscó pero no la encontró; no podía dejar a los pequeños así, yo quería que jugasen, lo más parecido posible, a sus compañeros que sí pueden andar pero como no se solucionó el tema de la canasta se me ocurrió hacerles un ejemplo práctico.


Me senté en el suelo con la pelota entre mis manos. Les decía que ellos eran muy valientes porque tenían que luchar en la vida mucho, más que nadie y, que por ello, eran tremendamente afortunados porque podían demostrar al mundo que ellos pueden superar cualquier barrera.

Les decía que ellos no tenían la culpa de no poder encestar la pelota desde una silla de ruedas porque era mucho más difícil. Lancé la pelota sentada en el suelo y no encesté. Ellos sonrieron. Luego me puse de pie y, como si hubiese ensayado durante meses, encesté de pleno. Me empezaron a aplaudir emocionadísimos.

Después de esta pequeña escenificación les conté que hay equipos de baloncesto de chicos que están en silla de ruedas y son realmente buenos jugando además de ser muy famosos porque, como les dije con anterioridad, tienen un gran mérito porque superan todo lo que se les interponga.

Sus ojos se abrieron como platos. Parecía que acabasen de descubrir un nuevo mundo.
Guardo en mi memoria esas dos tiernas caritas. ¡Que indefensos parecen y qué tenaces son estos pequeños!- pensé para mí-.


Miradas congeladas, sonrisas llenas [Parte II]


Mi día de voluntariado era los miércoles pero le cambié el día a una compañera porque no podía.

Por tanto, el pasado martes seis fue mi primer día de prácticas voluntarias. Asistí junto con Beatriz, una compañera y amiga de clase. ¡Todo con ella sería más fácil, seguro! -pensé-.

A las tres menos cinco estábamos las dos frente a la puerta de entrada. Ambas nos mirábamos sin saber qué nos depararía entre esas cuatro paredes pero, con paso firme, pasamos el umbral de la puerta con una sonrisa en la cara y con un cosquilleo en el estómago.


Nos atendió el conserje que, a pesar de estar tremendamente ocupado con el teléfono que no dejó de sonar ni un instante, nos ofreció una de las sonrisas más cálidas que he visto en mi vida.

A los pocos segundo salió a recibirnos una mujer muy simpática llamada Mª Carmen que nos enseñó todo el colegio y nos dió unas "pinceladas" bien definidas de lo que íbamos a hacer.


El colegio era pequeño pero muy acogedor. Las paredes estaban repletas de dibujos y un montón de sillas de ruedas formaban parte del "decorado" de la estancia. Se me partía el alma al ver esas pequeñas sillitas.


Después de visitar todo el centro nos dijeron a ambas que nos quedásemos en el comedor con los niños para ir observando y habituándonos.


Al principio, no os engañaré, Bea y yo estábamos un poco asustadas. Uno de los pequeños no paraba de gritar y estaba asustando a los demás...aunque creo que las más asustadas éramos las dos.


La mayoría de los niños giraban la cabeza para mirarnos. Nos observaban, algunos nos sonreían, otros nos saludaban con la manita...

Era un ambiente enternecedor a la par que triste. Me acongojaba observar el dolor de esos pequeños y que, a pesar de todo, te sonreían con el alma.






Miradas congeladas, sonrisas llenas [Parte I]

La Universidad de Navarra ofrece multitud de voluntariados...

Un día de clase, después del descanso, vino Olaia y Patricia a contarme que habían estado informándose sobre el voluntariado en el colegio público Andrés Muñoz Garde (un centro de educación especial en el que queríamos participar haciendo voluntariado).


Me comentaron que había muy pocas plazas (ocho en concreto) y que debía apremiarme mandando un correo para confirmar mi interés y participación en dicho voluntariado.


En cuanto llegué a casa escribí el correo y al día siguiente obtuve respuesta. Me dijeron que justo había llegado a tiempo y, que conmigo, se completaba el cupo de plazas.

Al día siguiente en la Universidad se lo dije a "mis chicas". Estábamos todas emocionadísimas y con ganas de empezar ¡YA!




sábado, 3 de marzo de 2012

Abuelo [Parte III]

El tiempo pasa y no se apiada de ninguno de nosotros...

Las personas que queremos se marchan y nacen otras a las que querremos también.
La vida nos enseña que somos seres transitorios pero que PODEMOS DEJAR HUELLA y eso solo depende de nosotros.

Personas como mi abuelo la dejaron, sin duda. Además, mientras su recuerdo siga vivo mi abuelo nunca habrá muerto porque seguirá vivo en el corazón de las personas que lo quisieron y, cada vez que lata el corazón de esas personas, lo hará el alma de mi abuelo.

[...]

Recuerdo que una de las mayores ilusiones de mi abuelo era que fuese a la Universidad pero jamás vio realizado ese sueño.

Espero que, allá donde esté, se sienta orgulloso de mí...yo siempre lo estaré de él.


Te quiero abuelo




Abuelo [Parte II]


Cuando llegaba el verano íbamos al río a ver a los peces y a echarles "gusanitos". Todavía recuerdo cómo me regañabas cuando, por echarle de comer a los pececillos, apenas probaba bocado.

En otoño e invierno, al hacer siempre tanto frío, nos pasábamos la tarde en casa y tú me contabas miles de historias de lo más intrigantes y fantasiosas.

Al poco tiempo dejé de ser el centro del Universo para mi abuelo, ahora tendría que conformarme con compartir el hueco de su corazón con mi hermana Andrea y, la verdad, era tremendamente feliz haciéndolo.


Mi hermana y yo éramos cada uno de sus ojos. Mi abuelo era incapaz de caminar sin nosotras. Ocupábamos casi toda su mente y corazón.


[...]


Ya ha pasado un tiempo desde que partió pero, a veces, le sigo viendo por la calle con su cigarrillo en la mano, su blusa blanca metida por dentro del pantalón y su estrecho cinturón. Sigo viéndole sonreír tras el cristal de mi habitación. Sigue acompañándome cuando camino y me abraza cuando tengo miedo o me golpean el corazón.









Abuelo [Parte I]


Te fuiste sin decir "adiós".
Me quedé helada durante segundos y de mis ojos emanaba ese maldito líquido llamado lágrimas...

No sé por dónde empezar, es tanto lo que me has enseñado en esta vida...

Desde que nací no tenías ojos para nadie más. Me contabas cómo te encantaba llevarme a pasear por la dehesa para "presumir de nieta" como siempre decías entre risas.

Mi juguete preferido era una mariposa de peluche que tenía un diminuto cascabel en su interior y no podía dormir sin ella; me recordabas a la perfección de cómo un día jugando la tiré al río y te tuviste que meter "a la caza de la mariposa" y acabaste empapado pero feliz de ver cómo me estaba riendo por la cómica escena que se creó en segundos.

Recuerdo cómo las tardes de primavera me llevabas a los sitios más bellos del pueblo para admirar el colorido espectáculo del nacimiento de las flores. Recorría el monte agarrada de tu fuerte mano, me sonreías y juntos mirábamos el azul del cielo, tan azul como tus ojos.








sábado, 25 de febrero de 2012

SCHÖNE SEELE (alemán: "ALMA GRANDE")






Mis amigos son una parte fundamental en mi vida. No me imagino nada sin ellos; parte de lo que tengo y de lo que soy se lo debo a mis grandes personitas.

Hace dos años llegué a Pamplona y conocí a nueve personas increíbles que hicieron, hacen y, estoy segura, que seguirán haciendo de mi vida algo mágico.

Aunque estuviese en la otra punta del mundo, sé que los seguiría sintiendo a mi lado.

Me conocen a la perfección. Si mi mirada es nostálgica, si me siento especialmente alegre...ellos lo perciben en centésimas de segundo.

Aprendo día a día cosas maravillosas de todos ellos. Cada uno de nosotros estamos recorriendo caminos muy dispares en la vida y eso me enriquece constantemente.

Cuando estoy con ellos me siento como una planta que crece sobre unas fuertes raíces, ellos me hacen medrar hasta los rayos de sol más remotos pues, como grandes personas que son, solamente con su compañía te ayudan a crecer como persona.


Gracias Lorea, Laura, Lorena, Jazmina, Sara, Imanol, Alai, Josu y Rubén por formar parte de mi vida. Nunca os olvidaré.


¡Profe! ¡Profe! [Parte II]

No podía quitarme de la cabeza el hecho de perderme una oportunidad como esta y decidí escribir un correo al colegio.

A los pocos días me respondió, muy amable, el Director Pedagógico del centro diciéndome que no había ningún problema en que me incorporase el próximo jueves, que tan solo tendría que rellenar una hoja de inscripción.

[Y llegó el esperado día...]

El jueves día veintitrés me incorporé a las prácticas voluntarias del colegio acompañada de mis amigas. Estaba nerviosa y feliz porque no sabía qué tenía que hacer exactamente pero estaría haciendo lo que más me gusta. Además, se incorporaba conmigo Pilar Blanco, otra amiga y compañera de carrera y eso me hizo sentir más segura porque sabía que estaría bien acompañada en todo momento.

Después de una pequeña y sofocante espera por un sol casi veraniego, nos dijeron que ya podíamos subir a las aulas y una simpática señora, me imagino que era profesora porque vestía una bata blanca, nos indicó en qué clase nos tocaba.

Subimos por las escaleras y recorrimos un pasillo con miles de dibujos realizados por pequeños grandes artistas, ese pasillo me condujo al túnel de mi infancia; el olor a pintura, colchonetas...mezclado todo con un aroma de agua de colonia "nenuco" invadía cada estancia...

La amable señora nos indicó un aula en el que se necesitaban a dos voluntarios, Pilar y yo aprovechamos la ocasión, además estaríamos juntas...todo iba sobre ruedas.

Entramos en la clase de 1º B de Primaria, los pequeños nos miraban a Pilar y a mí con ojos de búho, expectantes a cada movimiento que realizábamos.

Una profesora nos indicó que teníamos que sentarnos en una mesa las dos juntas y que cada diez o quince minutos (más o menos) irían tornando los grupos de alumnos, pasando así, por todos los aprendices de profesor. Cada grupo de niños realizaba con cada "profe" una actividad diferente y, cuando se acababa el tiempo, recogían rápidamente sus cosas y...al siguiente. Al principio de cada actividad tenías que escribir el nombre y apellido de cada niño. Era toda una proeza intentar averiguar su nombre porque, pocos te lo decían a la primera...
El que no te decía: -¡Me llamo Pepito!, te decía que era ¡Águila Roja! y si entramos en el terreno de los apellidos..., pero, como dice Olaia, en todo grupo siempre hay un niño responsable que te dice el nombre y apellidos de todos sus compañeros. Y así fue.

Nuestra actividad consistía en que los niños averiguasen las diferencias entre dos dibujos (dos niños que estaban contentos y, los mismos niños, discutiendo). Los pequeños descubrían las diferencias sin mayor problema.
Después tenían que decir formas de solucionar un problema y escribirlas, las respuestas eran de lo más enternecedoras...: -¡Riendo! -decía uno- porque si te ríes haces que el otro se ría y ya está todo solucionado. -¡Qué frase tan sabia!- pensé- ¡cuánto tenemos que aprender de los niños! Además, tenías que estar con mil ojos para ver que cada pequeño escribiese lo más correctamente posible. -¿Se escribe con "b" alta o baja?, ¿así profe?....

Cuando escuche la palabra "profe" me sentí realizada. Vi como todos los esfuerzos previos para poder estudiar esta carrera se habían esfumado, todo ello había merecido la pena por tan solo escuchar la palabra "profe" de la boca de un pequeño proyecto de hombre que hace que recuerdes en todo momento lo dichosa que eres por estar dedicándote por y para las personas.


El tiempo se pasó volando, ya nos teníamos que marchar....Tras rellenar la hoja de inscripción nos despedimos de los pequeños. Todos nos decían adiós levantando la manita.

-¡Volveré! -pensé para mis adentros- esto es tan solo el comienzo de mi camino.









¡Profe! ¡Profe! [Parte I]




Mis amigas y compañeras de carrera iniciaron prácticas voluntarias al poco tiempo de comenzar el curso en el colegio "Cardenal Larraona". Como ellas, envié un correo electrónico para inscribirme pero no obtuve respuesta. Les comenté lo sucedido y me dijeron que ellas lo habían enviado a otra dirección distinta a la que lo envié yo. No insistí pensando quizá en que las plazas estarían cubiertas, pero cada vez que mis amigas me contaban lo plenamente felices que se sentían cuando estaban entre los niños, no podía parar de pensar: -¿Y si hubiese ido yo?, -¿y si hubiese enviado el correo a la misma dirección que mis compañeras?


Olaia me contaba cómo los niños te hacen sentirte tan especial; se fijan en cada detalle y eres para ellos un modelo a seguir y, aunque sea maravilloso, es una difícil tarea sobre todo por la responsabilidad tan importante que tienes entre tus manos.

La alegre Maite cada vez que escucha la palabra "niños" y "colegio" en una misma frase no deja de sonreír en todo el día. Lo suyo es vocación pura, no cabe duda alguna.

María cuenta con una gran ventaja frente a nosotras, haber sido la hermana mayor de ocho hermanos y, la experiencia es un grado. Seguro que hacerse cargo de veinticinco niños no le supone problema alguno.

Todas ellas vivían con especial ilusión las tardes que pasaban en "Larraona"...


lunes, 20 de febrero de 2012

Cómo transmitir amor por las MATEMÁTICAS, mi gran reto [Parte II]




Reflexioné sobre sus palabras y pensé que tenía razón y más todavía en verano, con un sol resplandeciente cuyos rayos traspasaban el cristal del cuarto de estudio, la cortina y lo que se interpusiese en su camino.

Tenía que buscar una alternativa a ese plan que, con toda mi ilusión había preparado pero que, muy a mi pesar, a mi hermana no le había resultado tan apetecible como a mí.


Pronto se me ocurrió una idea...
Recordé que mis padres me compraron hace tiempo una colección de CD-ROM sobre el estudio de las matemáticas. Busqué en la estantería donde creía que estaban y, en efecto, con un poco de polvo sobre sus cubiertas pero prácticamente intactos.


Al día siguiente fui a la cama emocionadísima a despertar a mi hermana y le animé a que me diese otra oportunidad porque había encontrado la solución para que las matemáticas no le resultaran tan aburridas...

Le pedí que se sentase delante del ordenador y pulsé al "play".
Ante ella se abrió un universo virtual de números danzarines, figuras geométricas en calidad 3D y un señor, con cara de simpático, que te explicaba la lección desde el otro lado de la pantalla.

Aunque la idea fue ingeniosa, a mi hermana no le empezaron a gustar las matemáticas por "arte de magia", ni mucho menos mostraba una ilusión desbordante al visualizar el CD-ROM pero me reconoció que, al verme tan ilusionada, empezó a concienciarse más con el estudio y, a los hechos me remito, aprobó matemáticas aunque el mérito, desde luego, fue enteramente suyo.



Cómo transmitir amor por las MATEMÁTICAS, mi gran reto [Parte I]


Aunque todavía esté en mi primer año de carrera llevo ya unos cuantos años "ejerciendo la docencia", sin horario fijo, ni sueldo, ni, mucho menos, reconocimiento social alguno...


Antes de venirme a vivir a Pamplona disponía de todo el tiempo del mundo para pasarlo con mi hermana Andrea. Ahora la veo muy poco, mucho menos de lo que me gustaría, y recuerdo todos los momentos junto a ella con gran cariño.

Ella fue mi primera alumna y ha sufrido mi pasión por la docencia durante unos cuantos años.

Recuerdo que un verano mi hermana tenía que recuperar matemáticas para septiembre y, a pesar que yo siempre he tenido una manía persecutoria hacia la "dichosa" materia, con una ilusión desbordante colgué, la primera semana de vacaciones de verano, un cartelito en la puerta de nuestro cuarto con un horario de estudio.

La muy granuja, cuando acabó de leer el cartel, me miró de arriba a abajo y se empezó a reír a carcajadas y cuando logró calmarse respiró hondo y dijo: -¿No pensarás que me voy a pasar tantas horas estudiando, no?

[...]


domingo, 19 de febrero de 2012

¿Por qué yo?


Decidí estudiar este grado porque sé que mi sitio está entre los más pequeños...


Quizá el principal motivo por el cual elegí este camino está más oculto de lo que, nunca antes, me había planteado. Cuando me preguntaban por qué había elegido esta carrera yo respondía con una sonrisa: -¡Porque me apasiona la idea de educar!
Ahora me pregunto...¿por qué siento ese debilidad especial por la educación de los más pequeños?
La respuesta es mucho más compleja de lo que, hasta entonces, había respondido.

Decidí este camino porque siempre he poseído una gran empatía. Soy capaz de leer el código secreto que se esconde en las lágrimas.
Decidí este camino porque fui tremendamente débil y, gracias a ello, puedo sanar hasta el alma más rota y curar la herida más profunda.
Decidí este camino porque siempre he sido tenaz y quiero ayudar a otros a que también lo sean y se enfrenten a la vida con una mirada firme.
Decidí este camino porque siempre he sido soñadora y quiero mostrar a mis alumnos que la vida es como un folio en blanco y que tú decides si pintarlo con una gama de grises o con los colores del arcoiris.

Mi personalidad hipersensible me ha "regalado" dolor...pero mucha más alegría.
Ahora puedo decir con firmeza por qué escogí esta profesión y lo orgullosa que estoy de haberla elegido.








sábado, 11 de febrero de 2012

"El Molinerín"


Cuando mis fantasías me lo permitían, pasaba mi tiempo entre azúcar y juegos.

Mi abuelos tenían una tienda de recreativos ("El Molinerín" en honor al apodo de mi bisabuelo) justo debajo de mi casa y era toda una proeza resistirse a esas coloridas y brillantes gominolas además de las máquinas de juegos y el futbolín.

Mi abuela, como buena navarrica, amenizaba la estancia con jotas de su tierra y me las hacía aprender y juntas pasábamos la tarde. Siempre que me hablaba de Pamplona esbozaba una sonrisa y sus ojos se inundaban de furtivas lágrimas.

Tal vez, una de las razones por las que deseaba, con todas mis fuerzas, irme a vivir a Pamplona me la dio mi abuela desde pequeña y jamás imaginé que, años más tarde, mi sueño se haría realidad.

Gracias a personas como mi abuela aprendí que si deseas algo con mucha intensidad y pones todos los medios para conseguirlo, tus sueños siempre se harán realidad. Como siempre dice: "El que no llora, no mama".

(Foto: -De izquierda a derecha: Mi abuela Jose, yo y mi hermana Andrea)


"Barbacana hacia Aragón en castellana tierra"





"Barbacana hacia Aragón en castellana tierra" escribió Antonio Machado. Estos son mis orígenes. Procedo de la villa soriana de Ágreda.

Desde que nací apreciaba la riqueza cultural de mi tierra, "la de las las tres culturas". Se le llama así porque musulmanes, hebreos y cristianos convivieron pacíficamente parte de la Edad Media hasta que finalmente fueron expulsados.

Lo que más me entusiasma de esta mágica villa es el barrio moro. Desde pequeña me encantaba corretear por el arco califal, las murallas, la antigua mezquita, el mirador...
Pasaba mis tardes admirando el bello paisaje, cantando al firmamento y sonriendo al Sol.
Por aquellos estrechos y trasnochados callejones me imaginaba que era una princesa y que galopaba a caballo a todas horas, siempre libre, con el viento a mi favor.

Mi familia siempre bromeaba llamándome "morita" porque, a parte de mis contínuas visitas a este barrio, comentaban que quizá alguno de mis antepasados lo fue porque mis rasgos y tez hablaban por sí solos.

Conocía los lugares más recónditos de Ágreda, saltaba de barrio en barrio cual estrella fugaz siempre en busca de seguir alimentando mis fantasías históricas.
Cualquier objeto, aparentemente inservible, se convertía en mi mayor tesoro pues siempre me enseñaron a apreciar hasta lo más insignificante. Cualquier niño que paseaba por la calle podía ser mi perfecto compañero de juegos, eso sí...deseaba que fuese un soñador nato capaz de, con tan solo acariciar una piedra con la yema de los dedos, viajar al pasado...conmigo.




lunes, 6 de febrero de 2012

NIÑOS GRANDES

Desde que tenía uso de razón me sentía diferente al resto y eso me gustaba. Me sentía orgullosa de no ser un patito más en el estanque pero, a veces, ser el pato feo era una pesada carga para alguien que no superaba unos palmos del suelo.

Mientras que los niños de mi edad se preocupaban de ser niños, yo quería ser un adulto en un cuerpo de niño, pero un adulto que nunca se cansase de soñar.
A diferencia de Antoine De Saint Exupéry en su "Principito", era capaz de desenmascarar al adulto para ver el niño que llevaba debajo. Los adultos me fascinaban. Sus infinitos conocimientos, su firmeza ante los abismos, su entrega inagotable hacía que yo quisiese ser uno de ellos, formar parte de ese mundo adulto, pero con el espíritu de un niño.

Quizá cuando pienso en los adultos pienso en mi padre y eso hace que vea a todos como niños chicos, deseosos de mostrar al mundo que no son viejos porque tenga arrugas en la piel, pues esas arrugas son las mayores muestras de que un día, no hace mucho, fueron niños.

Mi padre me entregó uno de los regalos más valiosos en la vida...me enseñó a observar el alma de las personas y jamás juzgarlas por sus apariencias o actos.

La escuela de la vida me enseña cada día que tenemos que aprender a observar en lo más profundo de nosotros y de los que nos rodean.
El mundo esta repleto de ilusión....nunca dejéis de soñar. Sed siempre niños.