
Cuando mis fantasías me lo permitían, pasaba mi tiempo entre azúcar y juegos.
Mi abuelos tenían una tienda de recreativos ("El Molinerín" en honor al apodo de mi bisabuelo) justo debajo de mi casa y era toda una proeza resistirse a esas coloridas y brillantes gominolas además de las máquinas de juegos y el futbolín.
Mi abuela, como buena navarrica, amenizaba la estancia con jotas de su tierra y me las hacía aprender y juntas pasábamos la tarde. Siempre que me hablaba de Pamplona esbozaba una sonrisa y sus ojos se inundaban de furtivas lágrimas.
Tal vez, una de las razones por las que deseaba, con todas mis fuerzas, irme a vivir a Pamplona me la dio mi abuela desde pequeña y jamás imaginé que, años más tarde, mi sueño se haría realidad.
Gracias a personas como mi abuela aprendí que si deseas algo con mucha intensidad y pones todos los medios para conseguirlo, tus sueños siempre se harán realidad. Como siempre dice: "El que no llora, no mama".
(Foto: -De izquierda a derecha: Mi abuela Jose, yo y mi hermana Andrea)
Creo que vas encontrando tu estilo. Adelante.
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