
Aunque todavía esté en mi primer año de carrera llevo ya unos cuantos años "ejerciendo la docencia", sin horario fijo, ni sueldo, ni, mucho menos, reconocimiento social alguno...
Antes de venirme a vivir a Pamplona disponía de todo el tiempo del mundo para pasarlo con mi hermana Andrea. Ahora la veo muy poco, mucho menos de lo que me gustaría, y recuerdo todos los momentos junto a ella con gran cariño.
Ella fue mi primera alumna y ha sufrido mi pasión por la docencia durante unos cuantos años.
Recuerdo que un verano mi hermana tenía que recuperar matemáticas para septiembre y, a pesar que yo siempre he tenido una manía persecutoria hacia la "dichosa" materia, con una ilusión desbordante colgué, la primera semana de vacaciones de verano, un cartelito en la puerta de nuestro cuarto con un horario de estudio.
La muy granuja, cuando acabó de leer el cartel, me miró de arriba a abajo y se empezó a reír a carcajadas y cuando logró calmarse respiró hondo y dijo: -¿No pensarás que me voy a pasar tantas horas estudiando, no?
[...]
No hay comentarios:
Publicar un comentario