Reflexioné sobre sus palabras y pensé que tenía razón y más todavía en verano, con un sol resplandeciente cuyos rayos traspasaban el cristal del cuarto de estudio, la cortina y lo que se interpusiese en su camino.
Tenía que buscar una alternativa a ese plan que, con toda mi ilusión había preparado pero que, muy a mi pesar, a mi hermana no le había resultado tan apetecible como a mí.
Pronto se me ocurrió una idea...
Recordé que mis padres me compraron hace tiempo una colección de CD-ROM sobre el estudio de las matemáticas. Busqué en la estantería donde creía que estaban y, en efecto, con un poco de polvo sobre sus cubiertas pero prácticamente intactos.
Al día siguiente fui a la cama emocionadísima a despertar a mi hermana y le animé a que me diese otra oportunidad porque había encontrado la solución para que las matemáticas no le resultaran tan aburridas...
Le pedí que se sentase delante del ordenador y pulsé al "play".
Ante ella se abrió un universo virtual de números danzarines, figuras geométricas en calidad 3D y un señor, con cara de simpático, que te explicaba la lección desde el otro lado de la pantalla.
Aunque la idea fue ingeniosa, a mi hermana no le empezaron a gustar las matemáticas por "arte de magia", ni mucho menos mostraba una ilusión desbordante al visualizar el CD-ROM pero me reconoció que, al verme tan ilusionada, empezó a concienciarse más con el estudio y, a los hechos me remito, aprobó matemáticas aunque el mérito, desde luego, fue enteramente suyo.
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