
Cuando los niños acabaron de comer y asearse, nos dirigimos todos al gimnasio.
El gimnasio estaba perfectamente equipado. Me sentí una niña pequeña de nuevo. Había pelotas gigantes, colchonetas en forma de tubo, canasta de baloncesto, bolos, un columpio, pequeñas piezas para hacer construcciones...
Bea y yo comenzamos interactuando con los pequeños tirando pelotas hacia la canasta. Después de estar un rato con la misma actividad me fijé en dos niños que estaban en silla de ruedas y que no podían participar en esa actividad. Me acerqué a ellos y les pregunté cómo se llamaban. ¡Mohamed y Jairo!-me respondieron con una sonrisa. También les pregunté si les gustaba el baloncesto. Jairo me dijo que prefería el fútbol y Mohamed me dijo que sí pero que la canasta estaba muy alta para ellos y que había otra canasta pero que no sabía dónde estaba.
Fui en busca de una de las monitoras para decirle lo de la canasta. La buscó pero no la encontró; no podía dejar a los pequeños así, yo quería que jugasen, lo más parecido posible, a sus compañeros que sí pueden andar pero como no se solucionó el tema de la canasta se me ocurrió hacerles un ejemplo práctico.
Me senté en el suelo con la pelota entre mis manos. Les decía que ellos eran muy valientes porque tenían que luchar en la vida mucho, más que nadie y, que por ello, eran tremendamente afortunados porque podían demostrar al mundo que ellos pueden superar cualquier barrera.
Les decía que ellos no tenían la culpa de no poder encestar la pelota desde una silla de ruedas porque era mucho más difícil. Lancé la pelota sentada en el suelo y no encesté. Ellos sonrieron. Luego me puse de pie y, como si hubiese ensayado durante meses, encesté de pleno. Me empezaron a aplaudir emocionadísimos.
Después de esta pequeña escenificación les conté que hay equipos de baloncesto de chicos que están en silla de ruedas y son realmente buenos jugando además de ser muy famosos porque, como les dije con anterioridad, tienen un gran mérito porque superan todo lo que se les interponga.
Sus ojos se abrieron como platos. Parecía que acabasen de descubrir un nuevo mundo.
Guardo en mi memoria esas dos tiernas caritas. ¡Que indefensos parecen y qué tenaces son estos pequeños!- pensé para mí-.
Noelia, no olvides el objetivo: reflexionar sobre tu propia educación, experiencias que te han marcado... ¡No te vengas al presente todavía!
ResponderEliminar