Mi tío Víctor era sinónimo de diversión, bromas, Navidad y vacaciones de verano. Gracias a él, en gran parte, hemos vivido las Navidades más completas que un niño pueda desear. Mi hermana y yo, acostumbradas a vivir en pueblo chiquito, cuando llegaba la Navidad y la pasábamos en Pamplona...nuestros ojos se iluminaban de miles de luces de colores, regalos y sonrisas.
Si mi hermana y yo disfrutábamos con todo esto...no puedo explicar con palabras lo que disfrutaba mi tío. Era todo un espectáculo verle los ojos como platos y la sonrisa que irradiaba en su rostro.
Mi tío, un niño en un cuerpo de adulto, revivía sus días de la tierna infancia.
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