
Cuando llegaba el verano íbamos al río a ver a los peces y a echarles "gusanitos". Todavía recuerdo cómo me regañabas cuando, por echarle de comer a los pececillos, apenas probaba bocado.
En otoño e invierno, al hacer siempre tanto frío, nos pasábamos la tarde en casa y tú me contabas miles de historias de lo más intrigantes y fantasiosas.
Al poco tiempo dejé de ser el centro del Universo para mi abuelo, ahora tendría que conformarme con compartir el hueco de su corazón con mi hermana Andrea y, la verdad, era tremendamente feliz haciéndolo.
Mi hermana y yo éramos cada uno de sus ojos. Mi abuelo era incapaz de caminar sin nosotras. Ocupábamos casi toda su mente y corazón.
[...]
Ya ha pasado un tiempo desde que partió pero, a veces, le sigo viendo por la calle con su cigarrillo en la mano, su blusa blanca metida por dentro del pantalón y su estrecho cinturón. Sigo viéndole sonreír tras el cristal de mi habitación. Sigue acompañándome cuando camino y me abraza cuando tengo miedo o me golpean el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario